Monday, 26 June 2017

Una imagen y 1000 palabras


La enseñanza de una lengua extranjera es un terreno muy complejo y amplio que puede definirse desde diferentes enfoques y que aún en la actualidad es materia de investigación, por lo que no hay una teoría definitiva. Partiendo de mi experiencia como profesora de idiomas, la imagen de la esquina inferior derecha contiene un buen resumen de los conceptos que se deben de tener en cuenta a la hora de preparar una lección o un curso de ELE o de una lengua extranjera: la clase como grupo de personas y el espacio y las herramientas que ofrece; el idioma que se enseña; entender y conocer a los estudiantes, además de cerciorarse de que ellos también entienden lo que están aprendiendo de una forma divertida y amena; y exponer a los alumnos a diferentes situaciones lingüísticas como hablar, leer, escuchar y escribir. Esta cadena conceptual se conecta con el resto de las imágenes mostrando cómo en la instrucción el profesor debe de entender la diversidad de sus alumnos, ofrecer actividades variadas y entretenidas y mostrar una actitud abierta y positiva.

Es esencial saber las herramientas de las que disponemos en la clase y el espacio que se nos ofrece. Por ejemplo, si hay espacio en la pared donde poner posters con palabras clave que sirvan de recordatorio para los estudiantes y de estímulo para utilicen el vocabulario adecuado cuando sea necesario, el uso de un proyector o altavoces para realizar actividades con vídeos o audios, contar con internet con las infinitas opciones que esto implica, los aparatos electrónicos que pueden usar los alumnos en el aula, etc.

También es importante comprender que aprender un nuevo idioma también implica sumergirse en una nueva cultura. Es fundamental introducir al estudiante en las diversas culturas de los países de habla hispánica o, dependiendo de la clase de que se esté enseñando, la cultura del país específico donde se vive o la que el alumno desea conocer. Que el alumno pueda sentir una conexión más allá de las formas gramaticales y las estructuras sintácticas que está adquiriendo, de forma consciente o inconsciente, ayudará a que se sienta más motivado y conectado al idioma que aprende, lo que puede también empujarle a usarlo con más frecuencia; quizás con una aplicación en su teléfono, escribiendo en la lengua meta, hablando en español fuera del aula...

En cuanto a la enseñanza del español, es probable que podamos encontrar vínculos, sobre todo al inicio de los niveles más básicos, que ayuden al estudiante a derrumbar la barrera del miedo, que muchas veces se convierte en un freno en el proceso de aprendizaje. Ayudar al alumno a establecer conexiones entre la lengua objetivo y su lengua nativa le permite sentirse más familiarizado con este nuevo conocimiento al que está expuesto, por lo que también le puede ayudar a estar más cómodo. No se debe olvidar que las estructuras de las lenguas, su gramática, sus expresiones, entre otras muchas cosas, son muy diferentes entre ellas, por lo que debemos intentar crear proximidad y no distancia, que a menudo se suele identificar con la idea de dificultad. Es por ello por lo que muchas veces se escucha a los alumnos decir al estudiar una lengua nueva que esta es ‘es muy difícil’.  Si hablamos del español, hay que recordar que en otros idiomas no hay género y número, no existe el concepto del subjuntivo o no se cuenta con la misma cantidad de conjugaciones. Aquí es donde el profesor debe facilitar la adquisición del nuevo idioma, convirtiendo el aprendizaje de la nueva lengua en un proceso que se interiorice de forma más natural en vez de intentar hacer que el alumno memorice conceptos metalingüísticos demasiado complejos, especialmente cuando todo lo que se está aprendiendo ya es de por sí algo nuevo en la mayoría de los casos.

Otro punto básico es conocer bien a nuestros estudiantes. La edad es un factor clave que cambiará mucho la dinámica de nuestra clase, ya que la atención que se puede abarcar varía notablemente según la edad del aprendiente. Normalmente los adultos suelen tener claro el porqué de aprender una lengua extranjera a diferencia de los niños, los que en su mayoría aprenden otro idioma como otra actividad extra en su itinerario. Sin embargo, en ambos casos hay que animar al alumno a continuar aprendiendo y a seguir motivado. Comprender los intereses del estudiante o encontrar una meta en común si se trata de un grupo, nos ayudará a conseguir mejores resultados, ya que de esta manera se puede ser capaz de crear dinámicas en el aula donde ellos podrán hallar una utilidad o finalidad en lo que están estudiando.

Cabe mencionar que la actitud del profesor es crucial en una clase de lengua extranjera. Un docente que no se mueve en la clase, que no se muestra positivo y contento, que no varía el tipo de actividades, no podrá conseguir el mayor rendimiento de sus alumnos. El trabajo y la preparación del enseñante es equivalente a los resultados que se obtendrá del trabajo de los alumnos. Juegos, mapas conceptuales, fichas y tarjetas educativas, actividades comunicativas divertidas, mapas conceptuales, rompehielos y muchos otros, deben complementar el modelo tradicional de escribir en el cuaderno, copiar de la pizarra y repetir el mismo currículum curso tras curso.

Por último, las clases deben de seguir un hilo y estar conectadas entre sí. Cada clase debe de responder a una secuencia clara y lógica. No tendría sentido aprender el pasado sin poder expresar el futuro o hablar en una clase sobre la familia y en otra sobre la comida.


En conclusión, pienso que el profesor debe de adaptarse a su clase y a los individuos que la integran usando todos los recursos que estén a su alcance, preparándose dependiendo del perfil de sus alumnos, ofreciendo un repertorio amplio y dinámico de actividades que expongan al estudiante a diversas situaciones lingüísticas útiles y divertidas y, sobre todo, mostrando el dominio de la lengua y del plan de trabajo que ha creado para cada sesión, un plan que debe de ser significativo y responder a una secuencia lógica. 

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